Salte la navegación

Tag Archives: APEC

Fujimontesinismo

Hace nueve años (…algunos  dias… 19 de noviembre exactamente) el dictador Alberto Fujimori renunció por fax desde el lejano Japón aprovechando la realización del APEC 2000 en Brunei. Históricamente dicho hecho es un acto de cobardía y traición que sólo pudo superado por el presidente Mariano Ignacio Prado en la Guerra del Pacífico allá por el año 1879  cuando fugó del Perú so pretexto de la compra de armas para enfrentar a Chile.

En esos días ya el ambiente político estaba caldeado y la polarización se resquebrajó desde que salió el primer vladivideo entre el ex-congresista Alberto Kouri y la cara menos visible y siniestra del fujimontesinismo, Vladimiro Montesinos Torres, en donde el asesor compraba la conciencia del ex-parlamentario para que cambiara de las filas de Peru Posible (partido de Alejandro Toledo) al Fujimontesinismo en las oficinas del Servicio Nacional de Inteligencia.

El 10 de noviembre del 2000, Alberto Fujimori mostró a la prensa en Palacio de Gobierno parte de las maletas que se decomisaron en la casa del matrimonio Montesinos-Becerra.

Días previos Fujimori teatralizó una búsqueda ficticia hacia Montesinos (incluso entró a su casa utilizando un fiscal falso). Anteriormente, a dicho juego de las escondidas, le pagó su CTS de quince millones a su ex-asesor en una operación muy turbia el cual fue admitido por el ahora “Reo de Barbadillo” en uno de sus juicios utilizando, para ello, dinero del erario nacional para el Sector Defensa (así que en estos días sería bueno preguntarle a Fujimori y a Montesinos que es lo que han hecho con el dinero de dicho sector además de usarlo indebidamente para los estudios de Keiko Fujimori y sus hermanos en el extranjero).

Caricatura de Javier Prado

También es bueno recordar que Alberto Fujimori, antes de largarse del país, se fue con 40 maletas en los cuales evidenciaba algo sospechoso y siniestro ¿bienes?, ¿otros vladivideos?, ¿dinero mal habido?… sólo él sabe y nunca nos lo quiso decir, sólo se amparó en el secretismo que le daba ser el mandatario de ese entonces.

Después del 2000 ya no puede existir fujimontesinista ingenuo… o es bruto, un criminal o alienta el robo y son capaces de tener argumentos mitómanos con tal de encubrir a su mesías de estiércol.

Para repasar las posiciones de los congresistas de ese entonces les recomiendo el post de Godoy sobre las intervenciones del congreso el día en el que Alberto Fujimori renunció por fax, dejando el cargo al segundo vicepresidente Ricardo Márquez para luego cederle la conducción del país a Valentín Paniagua.

También recomiendo el post de Alex Celi en el cual repasa la cronología de los hechos previos a la renuncia por fax de Fujimori.

El día de hoy, miércoles 7, coordiné para encontrarme con una compañera de trabajo en un lugar cerca al cruce de la avenida Canaval y Moreyra y el Paseo de la República en San Isidro. Eran las 12 y 41 del mediodía (había coordinado para estar a las 12 y 45) y me fui a una cabina telefónica para llamarla.

De pronto, un niño de tres años que tenía un polo corto, manchado con tierra de color gris y con una caricatura que no divisé bien se me acercó y me pidió dinero. Yo sabía lo que todo ello implicaba y que su historia probablemente era muy lamentable, aparte que estaba cerca de llegar tarde a mi cita. Intente evitar mirar a sus ojos para no quebrarme de lástima, de rabia, de horror… no por él, sino por la mercancía humana que personificaba.

Mientras trataba de llamar desde la cabina telefónica el niño insistía en que le dé dinero y yo me negué. Tanto insistía que me jaloneó el saco beige que llevaba conmigo… le dije que deje mi saco con la ilusa palabra mágica del “por favor”.

Entonces, el niño dejó mi saco… y escupió en mi pantalón. Escuché de pronto una voz, era su “hermana” festejándole el escupitajo a este extraño que supuestamente era un pituquito tacaño maldito. Era una niña de seis años que presentaba un serio cuadro de desnutrición.

Me indigné y entre la cólera que me invadía y la comprensión del momento sólo atiné a decirle a ambos: “yo no soy quien los mantiene esclavizados”… y me retiré.

No hice más que irme porque no podía hacer catarsis por completo. No creo que mi acción sea un motivo para enorgullecerme. Recibí una de las bofetadas más grandes que recibí de la pobreza de mi país. Un niño indefenso atacándome porque no le di plata… algo a lo que sólo está avocado y destinado a hacer a costa de su educación, de su cuidado, de su bienestar. Si le daba aunque sea una moneda estoy seguro que lo seguiría condenando un poquito más a su esclavitud de forzado mendigo infantil.

Y en efecto, luego de salir de mi cita vi desde una prudente distancia como una señora con una gorra azul, que cargaba a un bebé en su espalda y que poseía una bolsa de caramelos, recogía a esos niños junto a otros dos más en ese mismo lugar cerca al cruce de la avenida Canaval y Moreyra y Paseo de la República. También vi, en ese momento, como es que los niños le entregaban lo que habían alcanzado dar a la señora.

Lo miré desde distancia, lo miré desesperanzado. Si las policías de tránsito y los policías que vigilan la zona, los cuales son varios, no aplican la ley contra la mendicidad infantil… esos niños tendrán ese destino infeliz. Peor aún, si no hay políticas correctas es posible que los policías hagan aquello que ni siquiera se me ocurrió hacer: golpearlos.

A los niños sólo les deseo los mejor… porque ese escupitajo proviene, no de ese niño, sino de la ineptitud y la porquería de persona que es esa señora que, estoy seguro, no es su madre.

Esos niños son víctimas de una de las modalidades de trata de personas: la mendicidad infantil.

Mendicidad infantil que, por cierto, al gobierno sólo le importa combatir cuando hay alguna cumbre como la de APEC.